Ivanhoe
Ivanhoe Y de acuerdo con estas palabras, acudió al banquete del cual ya hemos relatado lo principales incidentes. Inmediatamente después de haber abandonado el castillo, los señores sajones montaron a caballo cuando Cedric posó lo ojos por primera vez sobre Gurth, el desertor. El noble sajón, como sabemos, había abandonado la mesa del banquete no de muy buen humor, y sólo necesitaba de un pretexto para descargar su ira sobre alguien.
—¡Los grilletes! —gritó—. ¡Los grilletes! ¡Oswald! ¡Hundebert! ¡Perros villanos! ¿Por qué tenéis a este bribón sin maniatar?
Sin atreverse a contestar, los compañeros de Gurth le ataron con una correa por ser la ligadura que tenían más a mano. Éste no se atrevió a protestar; se limitó a dirigir una mirada cargada de reproche a su amo y dijo:
—Esto me sucede por amar vuestra carne y vuestra sangre más que la mía propia.
—¡A caballo y adelante! —dijo Cedric.
—De veras que ya era hora —dijo el noble Athelstane—; porque de no ir a todo galope, la colación que nos tendrá preparada el estimado abad Waltheoff se echará a perder.