Ivanhoe
Ivanhoe —Os repito, señor, que no os conozco en absoluto y que ningún hombre con cadena y espuelas debe introducirse de este modo en el aposento de una dama indefensa.
—Que os sea desconocido es el origen de mis desgracias —dijo De Bracy—; sin embargo, me atrevo a esperar que mi nombre no os haya sido desconocido cuando juglares y heraldos hayan proclamado hazañas caballerescas en las lizas o en el campo de batalla.
—Dejad entonces que juglares y heraldos canten vuestra alabanza, señor —replicó Rowena—. Sin duda, es un trabajo más adecuado para sus bocas que para la vuestra. Decidme, ¿cuál de ellos recogerá en una canción, en un libro o en un torneo, la memorable conquista de esta noche, una victoria obtenida sobre un anciano acompañado de unos cuantos tÃmidos y pusilánimes criados, en la que os habéis llevado como botÃn a una infortunada doncella que ha sido conducida contra su voluntad al castillo de un usurpador?
—Sois injusta, lady Rowena —dijo De Bracy mordiéndose los labios, confundido y hablando con un tono más natural a su persona que el de postiza galanterÃa que al principio habÃa adoptado—. Al estar desprovista de pasión, no podéis excusar la locura de nadie, aunque sea originada por vuestra propia belleza.