Ivanhoe
Ivanhoe —Bien me aconsejáis, señora —dijo el normando—. Os comunico en el rudo lenguaje, que es la mejor justificación de los rudos hechos, que nunca abandonaréis este castillo si no lo es como esposa de Maurice de Bracy. No tolero que mis empresas acaben en decepción. Ningún normando tiene por qué rendir cuentas escrupulosamente de su conducta a la doncella sajona, menos aún, y por ello la más apropiada para ser mi esposa. ¿Por qué otros medios podrÃais ser elevada a tan alto honor y ocupar un lugar privilegiado si no es con mi alianza? ¿De qué otro modo podrÃais escapar de los estrechos recintos de la granja rural donde los sajones pacen junto a los cerdos que constituyen toda su riqueza? PodrÃais ocupar un sitio honrada como os merecéis, entre lo que en Inglaterra existe de más distinguido por la belleza y dignificado por el poder.
—Caballero —replicó Rowena—, la granja que despreciáis ha sido mi refugio desde la infancia y, creedme, cuando la abandone, si es que llega este dÃa, será con alguien que no haya aprendido a despreciar el cobijo y las costumbres en que he sido educada.