Ivanhoe
Ivanhoe Pasó la carta a Gurth, que meneó la cabeza pesaroso y se la entregó a Wamba. El bufón miró el papel por los cuatro costados con muecas de afectada inteligencia, parecidas a las que haría un mono; después hizo una cabriola y dio la carta a Locksley.
—Si las mayúsculas fueran arcos y las minúsculas flechas, algo sacaría en limpio —dijo el bravo montero—; pero tal como están las cosas, el significado de la carta tiene tanto que temer de mí como un ciervo a doce millas de distancia.
—Entonces, yo intentaré descifrar su contenido —dijo el Caballero Negro y, arrebatándole la carta a Locksley, la leyó primero para sí y después la explicó en sajón a sus confederados.
—¡Ejecutar al noble Cedric! —exclamó Wamba—. Por el santo madero: os debéis haber equivocado, señor caballero.
—Yo no, mi buen amigo —replicó el caballero—. Os he traducido exactamente lo que dice el escrito.
—Entonces, por santo Tomás de Canterbury —dijo Gurth—, debemos tomar el castillo aunque sea con nuestras propias manos.
—De nada más disponemos —replicó Wamba—; pero las mías apenas pueden amasar yeso.
—Se tratará de una treta para ganar tiempo —dijo Locksley—; no se atreverán a cometer un acto por el cual yo mismo les castigaría con todo rigor.