Ivanhoe
Ivanhoe Front-de-Boeuf oyó estas palabras de modo incompleto, pero el gesto le resultó sospechoso.
—¡Arqueros! —gritó a los guardianes de las fortificaciones más adelantadas—. ¡Disparad una flecha a aquellos hábitos de monje! Pero, deteneos —dijo cuando se disponÃan a tensar los arcos—; no vale la pena. Debo confiar en él ya que no dispongo de otra baza que jugar. No creo que se atreva a traicionarme, y poniéndome en lo peor, todavÃa puedo negociar con los perros sajones que están en la perrera. ¡Eh, carcelero Giles! Manda que me traigan a Cedric de Kinherwood y al otro individuo, su compañero, al de Coningsburgh, Athelstane o como se llame. Incluso sus nombres son difÃciles para la boca de un caballero normando. Parece como si tuvieran sabor de tocino rancio. Dadme una jarra de vino, como dije al alegre prÃncipe Juan para quitarme el mal sabor de boca. Llevadla a la sala de armas y conducid allà a los prisioneros.