Ivanhoe

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Sus órdenes fueron obedecidas, y al entrar en el salón gótico adornado con los trofeos ganados por su valor y por el de su padre, ya encontró sobre la maciza mesa un gran jarro de vino y a los prisioneros sajones custodiados por cuatro de sus hombres. Front-de-Boeuf tomó un gran trago de vino y entonces se dirigió a sus prisioneros…, porque el modo con que Wamba escondía la cara con el embozo de la capa, el cambio de vestidos, la débil y pálida luz y el poco conocimiento que el barón tenía de las facciones de Cedric (ya que siempre había evitado a sus vecinos sajones y rara vez salía de sus propios dominios), le impedían comprobar que el más importante de sus cautivos había huido.

—Gallardos ingleses —dijo Front-de-Boeuf—, ¿cómo os sienta vuestra estancia en Torquilstone? ¿Ya sabéis lo que vuestra insolencia merece por haber sido capaces de despreciar la hospitalidad de un príncipe de la casa de Anjou? ¿Habéis olvidado cómo pagasteis las buenas intenciones del príncipe Juan? ¡Por Dios y san Denis, que si no pagáis un generoso rescate os he de colgar cabeza abajo de las barras de hierro de esta ventana, hasta que los cuervos os hayan convertido en esqueletos! Hablad, perros sajones, ¿qué ofrecéis por vuestras despreciables vidas? ¿Qué dices tú, el de Rotherwood?


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