Ivanhoe
Ivanhoe —Reclamo —dijo Athelstane— una celda honrosa y que se rinda especial atención a mi mesa y a mi lecho, como a mi rango pertenece, y como se le debe a alguien cuyo rescate se está negociando. Además, emplazo a aquél que más allegado os sea a responder con su cuerpo de este atentado contra mi libertad. Tal desafÃo ya os lo habÃa mandado por medio del intendente. Ya estáis enterado de mi reto, y ahà va mi guante.
—No acepto el reto de un prisionero —dijo Front-de-Boeuf—, ni debes hacerlo tú, Maurice de Bracy. Giles —continuó—, cuelga el guante de franklin de las astas de aquel ciervo. Allà permanecerá hasta que sea un hombre libre. Si entonces se atreve a reclamarlo o a afirmar que le hice prisionero en contra de la ley o del derecho, por el cinturón de san Cristóbal, topará con uno que nunca ha rehusado ningún reto, ni a pie ni a caballo, en singular combate o con todas sus huestes.
Según estas instrucciones, los prisioneros fueron sacados en el mismo momento que el monje Ambrose entraba dando muestras de gran sobresalto.
—Éste es el verdadero Deus vobiscum —dijo Wamba al cruzarse con el reverendo hermano—. Los otros eran falsificaciones.
—¡Santa Madre de Dios! —exclamó el monje dirigiéndose a la asamblea de caballeros—. ¡Por fin estoy a salvo y en cristiana compañÃa!