Ivanhoe
Ivanhoe —¡No abandona! ¡No, no lo hace! —dijo Rebeca—. Ahora puedo verle; encabeza a un grupo de hombres que ya se encuentran cerca de la empalizada, la destrozan con hachas. Su negro plumero flota sobre la multitud como un cuervo volando sobre un campo cubierto de cadáveres… Han abierto brecha…, se precipitan al interior. ¡Son rechazados! Front-de-Boeuf capitanea a los defensores; puedo distinguir sus formas gigantescas entre ellos. Se alzan de nuevo a la brecha y el paso es disputado mano a mano, hombre por hombre. ¡Dios de Jacob! ¡Es como si toparan dos encontradas mareas, el choque de dos océanos impulsados por vientos contrarios!
Y tras decir esto se retiró de la ventana como si ya no pudiera soportar más tiempo tan terrible visión.
—Mira de nuevo, Rebeca —decÃa Ivanhoe, sin entender la causa de su retirada—. Los tiros de los arqueros deben haber cesado, ya que ahora se pelea cuerpo a cuerpo. Mira de nuevo, ahora hay menos peligro.
Miró otra vez y casi inmediatamente exclamó:
—¡Sagrados Profetas de la Ley! Front-de-Boeuf y el Caballero Negro están luchando cuerpo a cuerpo en la brecha de la empalizada ente el estruendo que levantan sus seguidores. ¡Cielos, luchad al lado de los oprimidos y de los cautivos! —Soltó entonces un agudo chillido y exclamó—: ¡Ha caÃdo! ¡Ha caÃdo!
—¿Quién ha caÃdo? —gritó Ivanhoe—. Por el amor de Nuestra Señora, ¡dime quién cayó!