Ivanhoe
Ivanhoe —No —replicó Rebeca—. El templario lo ha destruido después de cruzarlo. Unos pocos defensores se han refugiado con él en el castillo, los gemidos y lamentos que oÃs hablan muy claro de la suerte de los restantes. ¡Ay!, me doy cuenta de que es más difÃcil contemplar la victoria que la batalla.
—¿Qué hacen ahora, doncella? —preguntó Ivanhoe—; mira de nuevo. No es hora de desmayarse al ver la sangre derramada.
—Todo se ha acabado por el momento —contestó Rebeca—. Nuestros amigos se fortifican en la barbacana conquistada, la cual es un excelente cobijo contra los tiros de sus enemigos, que más parecen inquietarles que herirles.
—Nuestros amigos —dijo Wilfred—, no abandonarán una empresa tan gloriosamente empezada, puesto que felices han sido los primeros resultados. ¡Oh, no! Tengo toda mi fe depositada en el buen caballero cuya hacha ha destrozado tablones de encina y barras de hierro. Cosa singular —murmuró de nuevo para s×, si existieran dos hombres capaces de tal proeza. Una barra y un candado sobre campo azul, ¿qué podrá significar? Rebeca, ¿no ves ningún otro detalle que distinga al Caballero Negro?