Ivanhoe
Ivanhoe —Dolorosa pérdida —dijo De Bracy—. Los villanos encontrarán cobijo allà para asediar el castillo más de cerca, y si no les vigilamos estrechamente pueden ampararse en el rincón de una torre desguarnecida o de alguna ventana olvidada, para irrumpir contra nosotros. Somos muy pocos para defender todos los puntos y los hombres se quejan de que no pueden asomar por ningún lado, porque son blanco de tantas flechas como el tonel parroquial en vÃspera de fiesta; Front-de-Boeuf está moribundo, asà que no podemos contar con la ayuda de su testarudez de toro ni con su fuerza bruta. ¿Qué te parece si hacemos de la necesidad una virtud y pactamos con los malandrines un canje de prisioneros?
—¿Cómo? —exclamó el templario—, ¿entregar nuestros prisioneros y ser objeto de befa para aquellos guerreros que osaron efectuar un ataque nocturno? ¿Qué dirÃan de nosotros, incapaces de defender una plaza fuerte contra una tropa de bandidos vagabundos, conducidos por porquerizos, bufones y por la mismÃsima escoria de la humanidad? ¡Vergonzoso es tu consejo, Maurice de Bracy! ¡Las ruinas de este castillo cubrirán mi cuerpo antes de aceptar tan deshonrosa componenda!