Ivanhoe
Ivanhoe —¡Repugnante saco de huesos, mientes! —exclamó Front-de-Boeuf—. Mis seguidores se comportan bravamente. Mis murallas son altas y fuertes. Mis compañeros de armas no le temen a toda una hueste de sajones, aunque estuvieran capitaneados por Hengist y Horsa. El grito de guerra del templario y de los mercenarios es tan poderoso que sobresale por encima del estruendo de la batalla. Y, por mi honor, cuando encendamos una hoguera para celebrar la victoria, prometo que el fuego también consumirá tu cuerpo y tus huesos. ¡Viviré para festejar que hayas pasado del fuego terrenal al del infierno, que nunca habrá devorado un demonio encarnado tan diabólico como tú!
—Conserva esta creencia —replicó Ulrica—, hasta que la evidencia te desengañe. Pero, no —dijo interrumpiéndose—; debes saberlo ahora, debes saber que la condenación que tu poder, fuerza y valor no podrá evitar, ha sido dispuesta por esta débil mano. ¿No has notado los nefastos y sofocantes vapores que están invadiendo la cámara? Sin duda, has creÃdo que era efecto de tus ojos que ya se están apagando, ¿o lo has atribuido a tu dificultad en respirar? ¡No!, Front-de-Boeuf, es debido a otra cosa. ¿Recuerdas la paja almacenada bajo estas habitaciones?
—¡Mujer! —exclamó con rabia—. ¿No le habrás prendido fuego? ¡Por el cielo, sà que lo hiciste y el castillo está en llamas!