Ivanhoe
Ivanhoe —Acércate, Waldemar. Cuán desgraciado prÃncipe soy. Mi padre, el rey Enrique, disponÃa de fieles servidores. No tuvo más que insinuar que un clérigo disidente le molestaba y la sangre de Thomas Becket, aun siendo un santo, manchó las gradas de su propio altar. ¡Tracy, Morville, Brito[12], leales y osados súbditos, vuestros nombres, vuestro espÃritu se ha extinguido! Y aunque Reginald Fitzurse ha dejado un hijo, no hace honor a la valentÃa ni a la fidelidad de su padre.