Ivanhoe
Ivanhoe —No estarÃa de más, hermanos —decÃa el gran maestre—, que investigáramos la vida y las conversaciones de esta mujer, especialmente con el propósito de descubrir en ella a uno de estos nefastos seres que usan mágicos encantamientos y sortilegios. Las verdades que hemos oÃdo nos inclinan a suponer que en todo este desgraciado asunto nuestro descarriado hermano ha sido influenciado por algún artificio o maquinación infernal. El cuarto preceptor, presente en la sala, era Hermán de Goodalricke; los tres restantes, Conrade, Malvoisin y el mismo Bois-Guilbert. Hermán era un viejo guerrero con el rostro marcado por las cicatrices de la cimitarra del Islam. Disfrutaba de alto grado y consideración entre sus hermanos de religión. Se levantó y se inclinó ante el gran maestre, y éste le dio inmediatamente licencia para hablar.
—Me gustarÃa averiguar, padre reverendÃsimo, qué responde nuestro valiente hermano Brian de Bois-Guilbert a estas monstruosas acusaciones y con qué ojos mira ahora sus desgraciadas relaciones con esta doncella judÃa.
—Brian de Bois-Guilbert —dijo el gran maestre—, ya has oÃdo la pregunta de nuestro hermano Goodalricke. Esperamos una respuesta. ¡Te ordeno que le respondas!
Brian de Bois-Guilbert volvió la cabeza hacia el gran maestre, y guardó silencio.