Ivanhoe
Ivanhoe —¡Silencio, esclavo! —dijo el gran maestre—. ¡Vete! Los brutos como tú bien merecen el ir dando tumbos y tener que apelar a curas infernales y acudir a los hijos del mal para que os den trabajos. Te digo que el diablo puede mandar enfermedades con el solo propósito de curarlas con objeto de que se dé crédito a sus sistemas diabólicos. ¿Tienes el ungüento del cual hablas?
El campesino, buscando en su faltriquera con mano temblorosa, sacó una cajita que llevaba inscritos algunos caracteres hebreos en el borde de la tapa, lo cual convenció a la mayorÃa de los presentes de que el diablo se habÃa metido a boticario. Beaumanoir, después de santiguarse, tomó la caja y, experto en la mayorÃa de las lenguas orientales, leyó sin dificultades el epÃgrafe de la tapa: «El león de la tribu de Judá ha vencido».
—Extraños son los poderes de Satanás —decÃa— que pueden convertir en blasfemia a las Sagradas Escrituras, mezclando el veneno con nuestro necesario alimento. ¿No hay algún médico en la sala que pueda darnos a conocer los ingredientes de este mÃstico ungüento?