Ivanhoe
Ivanhoe —Lástima —dijo el campesino—. Pero, con la venia de vuestra reverencia, la lección me llega un poco tarde, ya que no soy más que un inválido. Sin embargo, diré a mis dos hermanos, que trabajan para Nathan ben Samuel, que vuestra señorÃa opina que es más lÃcito robarle que no prestarle sus servicios con toda fidelidad.
—¡Sacad afuera a este descarado villano! —gritó Beaumanoir, que no estaba preparado para refutar esta aplicación práctica de su teorÃa general.
Higg, el hijo de Snell, se perdió entre la concurrencia, pero interesado en la suerte que esperaba a su benefactora, se entretuvo para poder conocer la condena que le serÃa impuesta, arriesgándose a topar de nuevo con la cólera del severo juez que tanto terror le inspiraba.
Llegados a este punto del juicio, el gran maestre ordenó a Rebeca que se despojara del velo. Abriendo la boca por primera vez, la hebrea contestó pacientemente, pero con dignidad:
—No les está permitido a las hijas de mi pueblo descubrir el rostro cuando se encuentran solas en una reunión de extraños.