Ivanhoe
Ivanhoe —Brian de Bois-Guilbert, no te haré reproches. Pero ¿acaso no es cierto que mi muerte se deberá a tu desatada pasión?
—Te equivocas…, te equivocas. Si me imputas algo que no podÃa prever ni prevenir, te equivocas, porque no estaba en mi mano. Si hubiera podido imaginar la llegada del viejo fanático, con sus destellos de valor desesperado y su vida ascética, que le han elevado por encima de sus méritos y del sentido común, por encima de mà y de los centenares de caballeros de nuestra Orden que piensan y sienten como hombres libres, superados tan estúpidos y fantásticos prejuicios en los que fundamentan sus opiniones y actos…
—Sin embargo, ante mà actuaste como juez. Y yo era el inocente, como bien sabes. Colaboraste a mi perdición y, si entendà bien, tú mismo tomarás las armas para confirmar mi culpa y asegurar mi castigo.
—Ten paciencia, doncella. Ninguna raza como la tuya sabe mejor cómo someterse a los tiempos y disponer la barca para sacar partido incluso de los vientos adversos.