Ivanhoe
Ivanhoe —SÃ, pero olvidas —dijo el taimado consejero— que no dispondrás de tiempo ni de ocasión para llevar a cabo este loco proyecto. Acude a Beaumanoir y dile que has renunciado a tu voto de obediencia y ya verás cuánto tarda el viejo despótico en privarte de tu libertad. Tus palabras no habrán salido de tus labios y ya estarás cien pies bajo tierra en la mazmorra del preceptorio, esperando un juicio como caballero perjuro; o, si mantiene su opinión respecto a que estás poseÃdo, disfrutarás de la paja, la oscuridad y las cadenas en alguna celda de un distante convento, rociado por el hisopo, mareado por los exorcismos y el agua bendita para expulsar al diablo que ha tomado posesión de ti. Debes acudir a la liza, Brian, o eres hombre perdido y deshonrado.
—Romperé con todo y huiré —dijo Bois-Guilbert—. Huiré a alguna tierra lejana cuyo camino desconozcan la locura y el fanatismo. Ni una gota de la sangre de esta excelente criatura se derramará con mi consentimiento.