Ivanhoe
Ivanhoe —El ingenio, señor —replicó el bufón—, puede hacer mucho. Es como un bribón de ideas rápidas que conoce el pie que calza su vecino y sabe ponerse a resguardo cuando soplan fuerte los vientos de las pasiones. Pero el valor es un enemigo vigoroso que todo lo atropella. Rema a contra corriente, con vientos adversos y, sin embargo, se abre paso. Por lo tanto, señor caballero, mientras yo me aprovecho del buen tiempo, que es el lado bueno de mi noble amo, espero que vos os las sabréis componer con él cuando se desate la tormenta.
—Señor Caballero del Candado, ya que de este modo gustáis que se os nombre —dijo Ivanhoe—, me temo que habéis buscado un guÃa que habla mucho y que os causará disgustos. Pero conoce cada senda y camino de este bosque tanto como el cazador y, como ya habéis podido comprobar, es tan fiel como el mismo acero.
—¡Ah, no! —dijo el caballero—. Ya que se presta a enseñarme el camino, no le regañaré si además quiere hacérmelo placentero. ¡Adiós, buen Wilfred! Te ordeno que no intentes viajar hasta mañana.