Ivanhoe

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Animados por estas palabras, atacaron de nuevo al Caballero Negro, cuya mejor defensa ahora consistía en apoyar su espalda contra el tronco de una encina y defenderse con la espada. El caballero felón que disponía de otra lanza, y vigilando el momento en que el caballero estuviera más acosado, cargó al galope contra él con la esperanza de dejarlo clavado en el tronco. Pero Wamba frustró de nuevo su propósito. El bufón, compensando con su agilidad sus pocas fuerzas, y pasando desapercibido de los soldados que estaban ocupados en lograr un objetivo más importante, rodeó el lugar de la lucha y consiguió efectivamente detener la fatídica galopada del caballero azul, desjarretando a su caballo con un golpe de su pequeña hoz. Hombre y caballo rodaron por el suelo. Sin embargo, la situación del Caballero del Candado no dejaba de ser precaria por ser atacado de cerca por varios hombres armados impecablemente. Empezó a sentirse fatigado a causa de los continuos y violentos esfuerzos que se veía obligado a realizar con objeto de defenderse en tantos sitios y casi al mismo tiempo. Entonces, una flecha provista de una pluma de ganso gris clavó en el suelo al más fornido de sus atacantes, y una partida de monteros, capitaneada por Locksley y el jovial fraile, irrumpió en el claro y, tomando decidida y efectiva parte en la refriega, pronto dieron buena cuenta de los rufianes, todos los cuales quedaron en el suelo, muertos o heridos de muerte. El Caballero Negro dio las gracias a sus libertadores con una dignidad que no habían observado en su anterior comportamiento, que más había sido el de un rudo soldado que el de una persona de alto rango.


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