Ivanhoe
Ivanhoe Cedric, que ocupaba un asiento del mismo rango que los demás, parecÃa presidir la reunión por común acuerdo. Cuando entró Ricardo, a quien sólo conocÃa por el nombre de Caballero del Candado, se levantó gravemente y le dio la bienvenida con el conocido saludo Waes hael, levantando al mismo tiempo un cubilete a la altura de la cabeza. El rey, que no desconocÃa las costumbres de sus súbditos ingleses, contestó al saludo con las palabras apropiadas, Drinc hael, y bebió de una copa que le habÃa alargado el mayordomo. La misma cortesÃa se le hizo a Ivanhoe, el cual correspondió a su padre en silencio, sustituyendo el brindis habitual por una inclinación de cabeza para evitar ser reconocido por la voz.
Cuando esta ceremonia preliminar llegó a su fin, Cedric se levantó y alargando su mano a Ricardo le condujo a una pequeña capilla rústica, la cual parecÃa haber sido excavada en uno de los salientes exteriores. Al no haber ninguna abertura a excepción de un diminuto ventanuco, el lugar hubiera estado a oscuras de no ser por dos antorchas, cuya luz roja dejaba ver entre el humo los arcos del techo y los muros desnudos, el rudo altar de piedra y el crucifijo del mismo material.