Ivanhoe
Ivanhoe —Noble Edith —dijo Cedric, después de haber guardado silencio durante algunos instantes como si deseara dar tiempo a Ricardo y a Ivanhoe para que contemplaran a la dueña de la mansión—, he aquà a dos apreciados forasteros que han venido para ser partÃcipes de tus penas. Y éste especialmente, pues es el valiente caballero que luchó tan bravamente para liberar a aquél por el cual hoy estamos tristes.
—Agradezco su bravura —replicó la señora—, aunque fuera voluntad del cielo que diera muestras de ella inútilmente. Agradezco también su cortesÃa y la de su compañero, que les ha traÃdo para consolar a la viuda de Adeling, la madre de Athelstane, en esta hora de profunda pena. A tus cuidados los confÃo, amable pariente, con la seguridad que no les habrá de faltar la hospitalidad que todavÃa pueden dar estas tristes paredes.
Los huéspedes se inclinaron profundamente ante la desconsolada madre y marcharon con su hospitalario guÃa.