Ivanhoe
Ivanhoe Otra retorcida escalera les condujo a un aposento de medidas iguales a las del que antes habían estado, y que ocupaba el piso inmediatamente superior. Aun antes de abrir la puerta, pudieron oír, procedentes del salón, los sones melancólicos y suaves de un coro vocal. Después de trasponer el umbral, se encontraron ante unas veinte matronas y doncellas de distinguido linaje sajón. Cuatro de las doncellas, dirigidas por Rowena, entonaban un himno por el alma del difunto. Solamente hemos podido descifrar algunas partes del mismo:
El polvo al polvo,
ésta es la suerte de todos.
Aquél que la habitaba,
ha abandonado la pálida forma
y la ha dejado a los gusanos.
La corrupción reclama su parte.
Por caminos desconocidos
ha volado tu alma
para buscar el reino de los lamentos,
donde los dolores despiadados
purgarán la mancha
de las acciones de aquí abajo.
En tal triste lugar,
poco habrás de permanecer,
¡por la gracia de María!
Estarás allí hasta que los rezos, las limosnas
y salmos sagrados