Ivanhoe
Ivanhoe —Ya lo tienes, hijo mÃo —dijo Cedric, levantándole—. El hijo de Hereward sabe cómo mantener su palabra, incluso cuando se la da a un normando. Pero debo verte vistiendo como nuestros antepasados ingleses, sin capa corta, sin gorros fantasiosos, sin fantásticas plumas mientras estés en mi decente casa. Aquél que quiera ser hijo de Cedric debe mostrar que sus antepasados fueron ingleses. Estás a punto de hablar y ya sé de qué —añadió secamente—. Lady Rowena debe llevar luto durante dos años completos, que es el término señalado para un futuro esposo fallecido. Todos nuestros antepasados sajones renegarÃan de nosotros si tratáramos de casarla antes de que la tumba de aquel con quien debÃa haberse unido, aquél que más merecÃa su mano por nacimiento y alcurnia, estuviera cerrada. El espÃritu del mismo Athelstane romperÃa su mortaja ensangrentada y se presentarÃa ante nosotros para impedir que deshonráramos su memoria.
Pareció como si las palabras de Cedric hubieran convocado a un espectro; pero no habÃa acabado de pronunciar estas últimas palabras, cuando se abrió la puerta de golpe y Athelstane, vestido con todos los accesorios para ir a la tumba, se presentó ante ellos, pálido, descompuesto, como alguien que ha regresado de la muerte.