Ivanhoe
Ivanhoe —Tened paciencia, noble Athelstane —dijo el rey—. Tomad aliento, contad la historia a vuestro ritmo. Creedme, este relato vale tanto como un romance.
—SÃ, pero por el cetro de Bromeholm, ¡no se trata de ningún romance! —dijo Athelstane—. Una rebanada de pan de centeno y una jarra de agua: esto me dieron los traidores a los cuales mis padres y yo enriquecimos cuando sus mejores recursos consistÃan en las lonjas de tocino y las medidas de grano que conseguÃan de los pobres siervos y esclavos a cambio de sus rezos. Nido de vÃboras ingratas…, pan de centeno y agua de pozo, y ¡dárselas a tan buen patrón como yo he sido para ellos! ¡Los sacaré de su nido ahumándolo, aunque me valga la excomunión!
—Pero, en el nombre de Nuestra Señora, noble Athelstane —dijo Cedric, apretando la mano de su amigo—. ¿Cómo escapasteis a tan inminente peligro? ¿Se ablandaron sus corazones?