Ivanhoe
Ivanhoe —Señor y padre reverendÃsimo —contestó Malvoisin con presteza—, nuestro hermano aquà presente ya ha jurado que la acusación es justa y verdadera en presencia del buen caballero Conrade de Mont-Fjtchet. No podrÃa ser de otra manera dado que su antagonista es una infiel y que por lo tanto no puede jurar ante Dios.
Esta explicación fue considerada satisfactoria para alivio de Albert, pues el astuto caballero habÃa intuido la dificultad o, mejor dicho, la imposibilidad de convencer a Bois-Guilbert para prestar juramento ante toda la asamblea, y se habÃa sacado de la manga este recurso para evitarle la necesidad de tener que obrar asÃ.
El gran maestre, después de admitir la respuesta de Albert de Malvoisin, ordenó al heraldo que se adelantara y cumpliera con su deber. Las trompetas florearon de nuevo y el heraldo, avanzando, pregonó en alta voz:
—OÃd, oÃd, oÃd. Aquà está el buen caballero sir Brian de Bois-Guilbert dispuesto a combatir con cualquier caballero de sangre libre que desee defender y sostener el pleito permitido y concedido a la judÃa Rebeca para la prueba judicial por campeón respetando el deseo legal de su propia persona, al no poder pelear ella misma por ser mujer. Y a tal campeón el gran maestre concede campo libre e igual participación de sol y viento y cualesquiera otros requisitos de un combate limpio.
Las trompetas sonaron de nuevo y se produjo una pausa completamente silenciosa, que duró algunos minutos.