Ivanhoe
Ivanhoe —Ningún campeón acude en defensa de la recurrente —dijo el gran maestre—. Id, heraldo, y preguntadle si espera a alguien para combatir por su causa.
El heraldo se acercó a la silla en que estaba sentada Rebeca. En aquel momento Bois-Guilbert, haciendo volver grupas rápidamente a su caballo, dirigióse también a aquel extremo de la liza a pesar de los esfuerzos que tanto Malvoisin como Mont-Fitchet hicieron, y llegó al lado de Rebeca tan pronto como el heraldo.
—¿Es esto regular y está de acuerdo con las reglas del combate? —decÃa Malvoisin, mirando al gran maestre.
—SÃ, lo es, Albert Malvoisin —contestó Beaumanoir—, porque en esta apelación al Juicio de Dios no debemos prohibir que las dos partes mantengan conversaciones entre sÃ, ya que puede con ello brillar la verdad.
Mientras, el heraldo se dirigÃa a Rebeca en estos términos:
—Doncella, el adversario y honorable gran maestre quiere preguntarte si dispones de campeón para pelear por ti en este dÃa o si te rindes al destino de una merecida condena.