Ivanhoe
Ivanhoe —Pero ¿entiendes mis palabras? —decÃa el templario—. Porque incluso mi voz resuena horriblemente en mis oÃdos. No sé el terreno que piso ni por qué nos han traÃdo aquÃ. Este palenque, esta silla, estos maderos. Sé para qué va a servir, pero aun asà todo me parece irreal, como si fuera una horrible visión del otro mundo que llena mis sentidos de extrañas fantasÃas pero que no convence mi razón.
—Mis sentidos y mi mente están muy firmes en la tierra —contestó Rebeca—, y me dicen ambos a la vez que estos leños están destinados a consumir mi cuerpo terrenal y a abrirme un doloroso pero breve pasadizo a un mundo mejor.