QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —Debemos dar cuenta de lo sucedido a lord Crawford, nuestro capitán, en primer lugar, y hacer que el nombre de este joven se inscriba en nuestra lista.
—Pero, caballeros, mis dignos amigos y protectores —dijo QuintÃn titubeando un poco—, aun no he decidido si entraré o no en vuestro Cuerpo.
—Piénsalo bien —dijo su tÃo— si prefieres ser colgado o decidirte a ingresar con nosotros, pues te aseguro, sobrino mÃo, que no veo otro recurso para escapar de la horca.
Éste era un argumento incontrovertible, y obligó a QuintÃn a acceder a lo que de otro modo podÃa haber considerado como una proposición no muy agradable; pero la reciente escapatoria de la soga, que habÃa estado alrededor de su cuello, le hubiera probablemente reconciliado con una alternativa peor que la propuesta.
—Debe ir al cuartel con nosotros —dijo Cunningham—; no hay seguridad para él fuera de nuestros lÃmites mientras estos cazadores de hombres ronden por aquÃ.
—¿No podrÃa por esta noche albergarme en la hostelerÃa en que almorcé, querido tÃo? —dijo el joven, pensando quizá, como otros muchos reclutas, que una sola noche de libertad era ganar algo.