QuintÃn Durward
QuintÃn Durward El espÃa, espiado
¿Cómo, el rudo batidor?; ¿y el espÃa espiado?; —manos afuera—
no sois para semejantes rústicos.
Cuento de Robin Hood, por Ben Johson.
Cuando QuintÃn salió del convento notó la precipitada retirada del gitano, cuya negra silueta se veÃa a la luz de la luna, el cual volaba con la velocidad de un perro vapuleado a través de las calles del pueblecillo, y cruzando la pradera, quedaba más allá.
«Mi amigo corre mucho —se dijo QuintÃn—; pero tendrá que correr más de prisa aún para escapar al más rápido pie que jamás pisó los brezos de Glen Houlakin».
