Quintín Durward

Quintín Durward

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No merecen tenerse en cuenta por sí mismas —dijo Oliver—, sino como indicadoras del grado de estimación que los empleados de la casa del duque observan que vuestra majestad merece por parte de su amo. Créame que si éste hubiese deseado sinceramente que vuestra recepción se hubiese distinguido, en todo momento por una atención escrupulosa, el celo de su gente se hubiera manifestado en esos detalles. ¿Y cuándo —añadió, señalando a la bacía y al jarro— fueron los objetos del tocador de vuestra majestad de substancia distinta a la plata?

—Esa última observación —dijo el rey con sonrisa forzada— sobre los utensilios de afeitar, Oliver, es muy característica de tu peculiar oficio para ser discutida por nadie. Es verdad que cuando sólo era un refugiado era servido con vajilla de oro por orden del mismo Carlos, que juzgaba la plata demasiado modesta para el delfín, aunque parece creer que ese metal es demasiado rico para el rey de Francia. Bien, Oliver; marcharemos a la cama. Mi resolución ha sido tomada y ejecutada; no queda nada por hacer sino jugar varonilmente el juego en que me he metido. Sé que mi primo el de Borgoña, como otros toros salvajes, cierra los ojos cuando comienza su embestida. Sólo tengo que vigilar ese momento, como uno de los toreros que vimos en Burgos, y su impetuosidad le coloca a merced mía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker