Quintín Durward
Quintín Durward Un premio al honor
Es halagador para la belleza
el conquistarla con la punta de la espada.
El Conde Palatino.
Cuando Quintín Durward regresó a Peronne se celebraba un consejo, en cuyo resultado estaba más interesado de lo que podía sospechar, y el cual, aunque constituido por personas de un rango con el que una persona del suyo apenas podía suponerse que tuviese comunidad de intereses, tuvo, no obstante, la más extraordinaria influencia a su fortuna.
El rey Luis, que después del episodio del enviado de De la Marck no había omitido oportunidad para cultivar el interés que había recobrado a los ojos del duque, le había consultado, o mejor dicho, había escuchado su opinión sobre el número y calidad de las tropas, con las que, como auxiliar del duque de Borgoña, había de tomar parte en su expedición combinada sobre Lieja. Vio claramente el deseo de Carlos de que acudiesen a su campamento sólo aquellos franceses que por su pequeño número y calidad superior pudiesen más bien ser considerados como huéspedes que como auxiliares; pero siguiendo el consejo de Crèvecoeur, asintió tan pronto a todo lo que el duque propuso como si hubiese surgido de su propio magín.