Robin Hood
Robin Hood —Apoyaos en el brazo de Pequeño Juan, el cual os llevarÃa si fuera preciso y sin cansarse más de lo que se cansa la rama de árbol que sostiene una tórtola.
—Pequeño Juan, Pequeño Juan —murmuró extrañada la joven mientras levantaba la cabeza para abarcar con la mirada la colosal estatura de su acompañante—. ¡Pequeño Juan!
—SÃ, Pequeño Juan, apodado asà porque tiene seis pies y seis pulgadas de alto, porque sus hombros son anchos, porque de un golpe mata a un buey, porque sus piernas hacen sin detenerse cuarenta millas inglesas, porque no hay bailarÃn, corredor, luchador ni cazador que pueda hacerle rendirse, y, en fin, porque sus seis primos, sus compañeros, los hijos de sir Guy de Gamwell, son todos más bajos que él; he ahà la razón, señorita, de que el que tiene el honor de daros su brazo sea llamado por todos los que le conocen Pequeño Juan.
AsÃ, charlando y riendo, Mariana y su compañero se encaminaron hacia el «hall» de Gamwell; pronto llegaron a la linde del bosque, y, allÃ, un magnÃfico panorama apareció ante ellos.