Robin Hood
Robin Hood Despojándose con rapidez de su hábito, Allan se lo dio al monje y se fue hacia Christabel para darle el último adiós.
—¡Por aquÃ, caballero! —gritó Maude imperiosamente abriendo una de las puertas de salida.
Allan depositó en los labios de Christabel el más ardiente de los besos, y acudió a la llamada de Maude.
—Mientras que huimos, milady, poneos a rezar y haceos la ignorante de forma que el barón no dude de que no conocéis la causa de su cólera.
Apenas se cerró la puerta tras los fugitivos, el barón, al frente de sus hombres armados, irrumpÃa en la capilla.
Más tarde volveremos con él; acompañemos ahora a nuestros tres amigos, que llevan a la gentil Maude como ángel guardián.
El pequeño grupo recorrÃa una larga y estrecha galerÃa. A su frente iba Maude con una antorcha, detrás RobÃn junto al hermano Tuck; Allan iba el último.
Llegaron a un cruce de corredores.
—A la derecha —dijo Maude; veinte pasos más allá se encontraron con la porterÃa.
La joven llamó a su padre.