Robin Hood

Robin Hood

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No me has ofendido, querido Robín, me pongo triste de vez en cuando y sin razón.

—Si no os conduzco a casa de mi padre por el camino más corto —continuó Robín tras un momento de silencio—, es para evitar a los soldados que el barón habrá mandado en nuestra persecución en cuanto se haya dado cuenta de nuestra fuga.

—Piensas como un sabio y obras como un zorro, maese Robín —dijo el monje—; o no conozco a ese viejo fanfarrón de Palestina o antes de una hora estará pisándonos los talones con una tropa de estúpidos alabarderos.

Nuestros tres compañeros, rotos ya de fatiga, iban a cruzar una encrucijada, cuando, a la luz de la luna, vieron a un jinete bajar a galope tendido la pendiente de un sendero.

—Escondeos tras esos árboles, amigos míos —dijo Robín—. Voy a ver quien es ese viajero.

Armado con el bastón de Tuck, Robín se colocó de forma que atrajese las miradas del extraño; pero éste no le vio y continuó su camino sin frenar el galope de su caballo.

—¡Deteneos! ¡Deteneos! —vociferó Robín cuando vio que el jinete no era más que un niño.

—¡Deteneos! —repitió el monje con voz estentórea. El jinete dio media vuelta y dijo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker