Robin Hood
Robin Hood Ya el sol doraba la copa de los altos árboles y Allan no aparecÃa. RobÃn disimulaba su inquietud para no alarmar a la joven, pero elucubraba sombrÃamente sobre las causas de este retraso.
De repente retumbó en la lejanÃa una voz sonora. RobÃn y Christabel se estremecieron.
—¿Es una llamada de nuestros amigos? —preguntó la muchacha.
—No, Will, mi amigo de la infancia, y Pequeño Juan, su primo, que acompañan al señor Allan, conocen perfectamente el lugar en que les esperamos, y nuestra empresa exige tanta prudencia para triunfar que no se divertirÃan jugando con los ecos del bosque.
La voz se acercó, y un jinete con los colores de Fit-Alwine atravesó rápidamente el valle.
—Alejémonos, milady, estamos demasiado cerca del castillo. Voy a clavar esta flecha al pie del roble, y si mis amigos llegan durante nuestra ausencia, comprenderán al verla que estamos escondidos en los alrededores.
Acababan los dos jóvenes de pasar unas jaras y buscaban un lugar a propósito para colocarse, cuando vieron el cuerpo de un hombre inmóvil y como muerto cerca de un tronco.
—¡Misericordia! —gritó Christabel—, ¡mi padre, mi pobre padre muerto!