Robin Hood
Robin Hood Un sombrero con una pluma de garza por penacho, un jubón de paño verde de Lincoln atado a la cintura, botas altas de piel de gamo, un par de «unhege sceo» (borceguíes sajones) amarrados con fuertes correas por encima de los tobillos, un tahalí claveteado de brillante acero soportando un carcaj lleno de flechas, el pequeño cuerno y el cuchillo de caza en la cintura, y el arco en la mano, constituían el atuendo y equipo de Robín Hood, y su conjunto lleno de originalidad estaba lejos de ocultar la belleza adolescente.
—Perdonadme, padre. No tenía intención alguna de heriros.
—¡Pardiez! Te creo, hijo, pero podía haber ocurrido; un cambio en la velocidad de mi caballo, un paso a izquierda o derecha de la línea que seguía, un movimiento de mi cabeza, un temblor de tu mano, un error de tu puntería, cualquier cosa, en fin, y tu juego hubiera sido mortal.
—Pero mi mano no ha temblado, mi puntería es siempre segura. Así que no me hagáis reproches, padre, y perdonadme mi travesura.
—Te la perdono de todo corazón.
Luego añadió con un ingenuo sentimiento de orgullo, que sin duda había reprimido hasta el momento a fin de reprender al imprudente arquero: