Robin Hood
Robin Hood Al ver a los dos jóvenes, el pony trotó hacia ellos con aspecto satisfecho, pero al reconocer al que le había atado, relinchó, se encabritó y desapareció.
—La dulce Mary se ha emancipado —dijo Pequeño Juan—, y con toda seguridad será propiedad de un «outlaw» antes de que llegue el día.
—Intentemos agarrarla —dijo Robín—; con su ayuda quizá me sea posible alcanzar a los soldados.
—Y haceros matar por ellos, amigo mío —respondió sabiamente el sobrino de sir Guy—; sería, os lo aseguro, tan inútil como imprudente; volvamos al «hall», mañana veremos.
—Sí, volvamos al «hall» —dijo Robín—; un doloroso deber me llama allí hoy mismo.
Al día siguiente de estos funestos acontecimientos, el cuerpo de Gilbert, ante el que Tuck había orado piadosamente, fue amortajado y transportado a su última morada.
Robín, solo a petición suya junto a buen anciano, rezó con fervor por el descanso de quien le había amado tanto.