Robin Hood
Robin Hood —Adiós para siempre, padre querido —dijo—; adiós, tú que recibiste en tu casa al niño extraño y sin familia; tú que diste noblemente a ese niño una madre toda ternura, un padre abnegado, un nombre sin tacha, ¡adiós, adiós, adiós!… La separación mortal de nuestros cuerpos no separa a nuestras almas. ¡Oh, padre mÃo!, vivirás eternamente en mi corazón, en él vivirás amado, respetado, honrado igual que Dios.