Robin Hood
Robin Hood —No siento ni vergüenza ni remordimiento por mi conducta —respondió RobÃn en tono firme—. La vergüenza y el remordimiento los tiene el que atacaba en la sombra a unos viajeros inofensivos e indefensos.
—¿Quién es entonces culpable de esta felonÃa?
—El hombre que habéis recogido en el bosque.
Y RobÃn relató a su padre lo sucedido con todos los detalles.
—¿Te vio ese miserable? —preguntó Gilbert con inquietud.
—No, pues huyó enloquecido y creyendo que era cosa del diablo.
—Perdóname mi injusticia —dijo el anciano estrechando afectuosamente las manos del muchacho—. Creo que la fisonomÃa de este hombre no me es desconocida —añadió Gilbert tras haber reflexionado un instante.
La conversación fue interrumpida por la llegada de Allan y Mariana, a los que el dueño de la casa dio cordialmente la bienvenida.