Robin Hood
Robin Hood —Seguiremos vuestro consejo, padre; primero vamos a…
Pero Gilbert fue interrumpido en la explicación de su plan de defensa por un grito de terror lanzado por Margarita. La pobre mujer acababa de ver en lo alto de la escalera al herido, al que se creÃa moribundo en su cama, y, muda de espanto, dirigÃa los brazos hacia la siniestra aparición. Las miradas de todos se dirigieron inmediatamente hacia aquel mismo sitio, pero ya estaba vacÃa la escalera.
Gilbert lanzó una significativa mirada a RobÃn y éste, sin que nadie se diese cuenta y sin hacer más ruido que un gato en sus rondas nocturnas, trepó al último escalón.
La puerta de la habitación estaba entreabierta y los reflejos de las luces de la sala penetraban en el cuarto; del primer vistazo pudo RobÃn ver que el herido, en lugar de guardar cama, inclinaba medio cuerpo fuera de la ventana y hablaba en voz baja con una persona que se encontraba fuera.
Nuestro héroe, arrastrándose por el suelo, se deslizó hasta los pies del bandido y aguzó el oÃdo.
—La joven y el caballero están aquà —decÃa el herido—; acabo de verles.
—Tanto mejor, ya no se nos escaparán.
—¿Cuántos sois, muchachos?
—Siete.