Robin Hood
Robin Hood —Un poco de afecto e intimidad entre parientes no es reprochable —dijo el monje.
—¡Ah! ¿sois parientes? Lo ignoraba.
—En grado muy próximo, joven amigo, muy próximo y muy poco prohibido, es decir, mi padre era hijo de uno de los sobrinos del primo de la tÃa abuela de Maude.
—¡Oh! un parentesco perfectamente establecido.
Maude enrojecÃa durante este diálogo y parecÃa implorar la misericordia de RobÃn. Las botellas se vaciaron, el cuarto retumbó con el entrechocar de los vasos, con el ruido de las risas y con el murmullo de algunos besos robados a Maude.
En el momento en que la velada estaba más animada, la puerta del «office» se abrió bruscamente y un sargento, acompañado por diez soldados, apareció en el umbral.
El sargento saludó cortésmente a la muchacha, y, lanzando una severa mirada a los convidados, dijo:
—¿Sois los compañeros del forastero que ha venido a visitar a nuestro señor, lord Fitz-Alwine, barón de Nottingham?
—SÃ, —respondió RobÃn despreocupadamente.
—¿Qué más? —preguntó el hermano Tuck audazmente.
—Seguidme ambos a los aposentos de milord.
—¿Para qué? —volvió a preguntar Tuck.
—Lo ignoro; tengo órdenes, obedeced.