Robin Hood

Robin Hood

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tan ágil como a los veinte años, el barón dio un salto desde el rincón de la alcoba al que le había llevado el bastón de Tuck hasta el umbral de la puerta que el sargento no se atrevía a trasponer sin que se lo ordenaran, ni siquiera para ayudar a su señor.

Pobre sargento; merecía ser acogido como un salvador, como un ángel guardián, y la cólera del señor, impotente contra el monje, se cebó en él en forma de patadas y puñetazos.

Finalmente, cansado de golpear a este ser inofensivo que no se atrevía a moverse, pues en esta época toda persona noble era sanamente inviolable para un vasallo, el barón recuperó el aliento y ordenó al sargento que detuviera a Robín y al monje y que les arrojara a un calabozo.

El sargento, liberado de las garras de su señor, partió como un rayo gritando: «¡A las armas! ¡A las armas!». Y volvió rápidamente acompañado por una docena de soldados.

A la vista de estos refuerzos, el monje cogió de la mesa un crucifijo de marfil, se colocó ante Robín, que quería disparar unas flechas, y gritó:

—En nombre de la santísima Virgen, en nombre de su Hijo, muerto por vosotros, os ordeno dejarme pasar. Desdicha y excomunión a quien se atreva a impedirlo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker