Robin Hood

Robin Hood

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Muy bien, ahora date la vuelta y lárgate rápido o te agujereo a flechazos.

Había que obedecer; sin armas, no hay resistencia posible. El proscrito se alejó vomitando torrentes de blasfemias y maldiciones, y jurando vengarse tarde o temprano. El guardabosque se aplicó a reanimar a la pobre Mariana, que yacía inmóvil en la hierba como una blanca estatua de mármol caída de su pedestal; la luna, alumbrando su pálido rostro, aumentaba la ilusión.

La joven fue trasladada a la orilla de un arroyo que corría no lejos de allí; algunas gotas de agua sobre sus sienes y su frente la reanimaron, y, abriendo los ojos, como si saliese de un largo sueño, exclamó:

—¿Dónde estoy?

—En el bosque de Sherwood —respondió con sencillez el guardabosque.

Al oír esta voz que le era desconocida, Mariana quiso levantarse y huir de nuevo, pero le faltaron las fuerzas; juntó las manos y dijo con voz suplicante:

—¡No me hagáis daño, tened piedad de mí!

—Tranquilizaos, señorita, el miserable que se atrevió a atacaros está muy lejos de nosotros, y si lo intentara de nuevo tendría que vérselas conmigo antes de tocar un pliegue de vuestro vestido.

Mariana, temblando, lanzaba miradas espantadas en torno a ella; sin embargo la voz que oía parecía amistosa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker