Azabache
Azabache Entonces aquel hombre, sin una palabra de aviso, tiró de las riendas con tal fuerza y brusquedad que estuvo a punto de derribar al pony, y cuando éste reanudó su marcha, comenzó a propinarle furiosos latigazos. El pony quiso entonces apresurar el paso, pero aquel sujeto lo retuvo con tal brutalidad que podÃa haberle quebrado la mandÃbula, mientras que continuaba castigándolo. Para mà fue un espectáculo espantoso, pues sabÃa el dolor terrible que estarÃa experimentando el caballito. En ese momento, mi amo me dio una orden, y en un segundo alcanzamos al individuo.
—Sawyer, ¿no sabe que ese pony es de carne y hueso? —lo interpeló entonces con severidad.
—De carne, hueso y mal carácter. Le gusta demasiado hacer su voluntad, y no lo voy a permitir —replicó, alterado, el otro, que era un constructor que solÃa ir al parque por negocios.
—¿Y le parece que tratándolo asà lo aficionará a seguir sus órdenes? —insistió el amo, con igual severidad.
—¡No tenÃa por qué virar, si su ruta era recta! —repuso Sawyer en tono áspero.