Azabache
Azabache El señor Gordon y el granjero Grey habían colaborado, como solían decir, durante más de veinte años para eliminar las riendas tensas en los carruajes. Pocas veces se las veía por allí; pero si el ama llegaba a encontrarse con algún caballo demasiado cargado y con la cabeza tirada hacia atrás, detenía su carruaje, bajaba y razonaba con el conductor, con su voz dulce y seria, procurando demostrarle lo estúpido y cruel que era.
No creo que ningún hombre pudiera enfrentar a nuestra ama. Ojalá todas las damas fueran como ella.
Por su parte, el amo solía expresar su opinión con toda franqueza. Recuerdo que una mañana me conducía a casa, cuando vio a un hombre corpulento que venía en nuestra dirección en un coche liviano, tirado por un hermoso pony bayo, de patas esbeltas y cuya cabeza y cara denotaban buena crianza y sensibilidad. Llegaban a la entrada del parque cuando el pobrecito se volvió hacia ella.