El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Nerisa y los demás, apartaos. Que suene
la música mientras hace la elección.
Si pierde, acabará como el cisne,
que muere con música. O, para que el sÃmil
sea más acertado: mis ojos serán su rÃo,
su lÃquido lecho de muerte. Y si gana,
¿qué será la música? Será como un toque
de clarines cuando los súbditos fieles
reverencian al rey coronado;
como el son apacible que, al amanecer,
halaga el oÃdo del novio durmiente
y le llama a las bodas. Ya se acerca,
con igual majestad, pero más enamorado
que el joven Alcides cuando fue a redimir
a la virgen que una Troya gimiente
habÃa dado en tributo al monstruo marino[41].
Yo soy la vÃctima, y ahà están las troyanas,
que, con ojos llorosos, acuden a ver
el resultado de la hazaña. ¡Ve, Hércules!
Si vives, viviré. Y, mientras luchas,
mayor será mi angustia que la tuya.
Música. Canción[42] mientras BASANIO medita ante los cofres.
«Dime dónde nace el Amor.
¿Es en la mente o el corazón?
¿Cómo crece la ilusión?
Responde, responde.