El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Nace en los ojos el Amor;
mirando vive, y morirá
en la cuna en que nació.
Doble la campana ya.
Yo primero: din, don, dan.
TODOS: Din, don, dan».
BASANIO
La apariencia no es siempre la verdad:
al mundo lo engaña el oropel.
En un juicio, ¿qué infame defensa no puede
encubrir su maldad bajo el manto
de una voz armoniosa? En religión,
¿qué herejía no sabrá bendecir
un digno varón apoyándose en los textos
y cubriendo de ornamento el desatino?
No hay vicio tan simple que por fuera
no muestre señales de virtud.
¿Cuántos cobardes de pecho tan falso
cual peldaños de arena no lucen
la barba de Hércules y de Marte iracundo
y por dentro carecen de hígados?
Y adoptan el apéndice del brío
para hacerse temibles. Mira la belleza
y verás que la compran al peso,
por lo cual se origina un prodigio:
las más cargadas son las más livianas.
Y esos cabellos de oro, rizados