El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia desde ahora esta casa, estos siervos
y mi propia persona son vuestros, mi señor.
Os los doy con este anillo. Perderlo,
regalarlo o separarse de él
presagiaría el fin de vuestro amor
y me daría derecho a reprobaros.
BASANIO
Señora, me habéis dejado sin palabras.
Solo puedo hablaros con la sangre de mis venas,
y siento en mi ánimo la misma confusión
que la del murmullo y contento de la multitud
tras el bello discurso del amado monarca,
cuando la mezcla de voces se convierte
en un caos y la alegría no se expresa
con palabras. Mas cuando este anillo
se separe de este dedo, la vida se acaba.
Entonces bien podéis decir que Basanio ha muerto.
NERISA
Señores, ahora somos nosotros,
que lo hemos presenciado y vemos cumplidos
nuestros deseos, los que os deseamos toda dicha.
¡Tengan dicha mis señores!
GRACIANO
Noble Basanio, gentil señora,
os deseo toda la alegría que podáis desear,
pues seguro que la mía no la habéis menester.
Y cuando vayáis a celebrar vuestra alianza