El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia que deseas aparentar ese rencor
hasta el último momento y que después
demostrarás una clemencia más notable
que la insólita crueldad que manifiestas,
y que, si ahora exiges la sanción,
esa libra de carne de este pobre mercader,
después no solo piensas desistir,
sino que, movido de benigna humanidad,
le eximirás de una parte de la deuda
al dirigir una mirada compasiva
a las pérdidas que se han acumulado
sobre él, que hundirían a un regio mercader
y habrían de conmover al pecho de bronce
y al rudo corazón de pedernal,
al turco y al tártaro inclemente, incapaces
de todo acto de afable cortesía.
Esperamos una respuesta gentil, judío.
SHYLOCK
He explicado a Vuestra Alteza mi propósito,
y por nuestro santo sábado he jurado
exigir la pena debida de mi trato.
Si me la negáis, ¡caiga el mal
sobre las leyes y derechos de Venecia!
Me preguntáis por qué quiero
una libra de carnaza en lugar
de los tres mil ducados. No voy a responder.
Digamos que me ha dado por ahí. ¿He respondido?