El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Vos, mercader, ¿tenéis algo que decir?
ANTONIO
Muy poco. Estoy preparado para el golpe.
Dame la mano, Basanio; adiós.
No te aflijas si por ti he llegado a esto:
la fortuna se porta mejor que de costumbre,
pues deja al desgraciado con más años
que dinero para que, con ojos hundidos
y arrugas en la frente, sufra la pobreza
en la vejez, mientras que a mí
me libra de esa angustia interminable.
Encomiéndame a tu noble esposa;
cuéntale cómo Antonio llegó a la muerte;
di cuánto te he querido y habla bien de mí
cuando haya muerto. Acabada la historia,
que juzgue si Basanio no tuvo un amigo.
Lamenta únicamente perder a ese amigo,
que él no se lamenta de pagar tu deuda,
pues, si el judío clava hondo,
al instante pagaré de todo corazón.
BASANIO
Antonio, estoy unido a una esposa
tan querida para mí como la vida;
mas la vida, mi esposa, el mundo entero,
no valen para mí lo que tu vida.
Los perdería todos, sí, los sacrificaría
a este demonio con tal de librarte.